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Boujmaa, visa para un sueño
16/03/07 - Personajes - Enviar

Boujmaa, visa para un sueño:
Si hay alguien que lo ha tenido realmente difícil para abrirse camino como windsurfista profesional, ese ha sido Boujmaa Guilloul. Además de ser de Marruecos, país donde el windsurf es un lujo exótico, y proceder de una familia humilde que jamás pudo comprarle un equipo, desde el infame 11 de Septiembre de 2001 lo tenía todavía más crudo para demostrar su nivel en las olas de Maui, Hawaii, USA. Tenacidad, suerte, contactos... desde luego, pero, por encima de eso, su increíble nivel con viento de derecha ha sido la clave para poder llegar a codearse con los mejores del mundo sin, cosa importante, perder la humildad que asoma por todas partes cuando llegas a Moulay: ¿has visto alguna vez a un pro que se lance al agua para recuperar el material de un windsurfista aficionado que ha sido revolcado por una ola?... Yo sólo al Boujmaa.
Entrevista y fotos de Gilles Calvet

Guilloul no parece un apellido muy marroquí...
Es bereber. En Africa del Norte, antes de los árabes, estaban los bereberes y mi padre es uno de ellos.
¿Tus padres te han educado en el respeto a la tradición coránica?
Sí... tuve esa suerte. Leer el Corán abre el espíritu. Me han enseñado a dar dinero a los que son más pobres que yo. Soy musulmán en el corazón, pero ya no practico. No rezo cinco veces al día como cuando era niño pero sí sigo haciendo el ramadán.
Me contaste que tus padres se separaron pero, ¿cómo fue?
Mi padre se divorció cuando yo tenía siete años. Mi madre asumió la responsabilidad de mi educación. No debió ser fácil para ella pues yo era el mayor y solía hacer bastante el tonto, al contrario que mi hermano pequeño. Mi madre no me pegaba, ¡me mordía! (muerto de risa)
¿En serio?
Bueno, una vez se vio obligada a llevarme donde mi padre para que fuera él quien me echara la bronca. Yo vendía cigarrillos por la calle para sacarme una paga y un día se me ocurrió probar uno en el baño. Mi madre entró en ese momento y rápidamente tiré la colilla, pero vio el humo...
Tu madre es enfermera y tu padre conductor de ambulancia... Tu primer balón de fútbol, ¿fue de cuero?
El primero creo que costaba un dirham y medio, es decir trece céntimos de euro. Era de plástico.
¿Y tu primer body board?
Era un pedazo de poliestireno metido en un plástico. Creo que me costó diez euros.
Uno de los pocos kiters capaces de surfear verdaderamente una ola, Franz Olry, dice que eres capaz de sacar 360 y aéreos en surf. ¿Es cierto?
No sé si sería capaz de hacerlos todavía pero sí, sí los he hecho. Empecé con el surf a los doce años y todavía hoy creo que me gusta casi más que el windsurf, pero no tengo tiempo de practicarlo.
El windsurf en Marruecos sigue siendo un deporte de ricos... Tu primera tabla, ¿se la robaste a un turista?
No, ¡te lo juro que no! (otra vez risas)
Pero, entonces, ¿de dónde sacaste el material?
En realidad yo hacía surf con una Tiga Slalom 260 y mi sueño era colocarle una vela. Entonces supliqué a mi madre que me inscribiera en el Club Royal de Windsurf de Essaouira. Creo que le costó 200 dirhams para un año (20 euros). Gracias a ello pude aprender a hacer windsurf en una Bic de casi cuatro metros con orza y casco redondo. Finalmente hice amistad con el responsable del club y me vendió una Alpha 260 con una vela de 3.7 metros.
¿Has guardado ese material?
No. La vela se hundió y la tabla la volví a vender.
Con catorce años conociste a una persona clave en tu vida: Fettah Alamara. ¿Quién era en ese momento Fettah?
Le conocí la primera vez que navegué en Moulay. El era y sigue siendo ahora uno de los mejores windsurfistas marroquís. Creo que entonces tenía 25 años. Empezaba su vida junto a Bárbara, su mujer, y estaban construyendo un restaurante en el que también vivían, sobre el acantilado que se desploma sobre el spot de Moulay. Todavía funciona y se llama Darlawama. Yo vivía con ellos. Fettah era mi hermano, mi padre, mi entrenador y mi ídolo. Me ayudó mucho, ha hecho mucho por mí. Además nos parecemos, en el pueblo nos preguntan si somos hermanos.
Y hoy en día, ¿sigue siendo tu entrenador y mentor?
Sigue siendo una gran ayuda para mí. A la vuelta de mis viajes le cuento lo que he hecho, me escucha y me da consejos para el futuro. Nunca me abandonaría y yo a él tampoco. Fettah navegaba por divertirse aunque tenía un nivel altísimo y un estilo único, pero el hecho de vivir en Marruecos le impedía salir fuera, así que ha hecho todo lo posible para que fuera yo el que pudiera ir a Hawaii y llegara a ser un windsurfista profesional.
Durante todo el año hay windsurfistas europeos que peregrinan a Moulay, ¿eso te ayudó a progresar?
Sí, a veces sí, aunque no todos son simpáticos ni están dispuestos a darte consejos. Es con Thomas Traversa con quien más confianza cogí y con quien navegaba, picándonos a tope. Hacíamos locuras en el agua.
Y tus estudios, ¿los has abandonado?
Sí. Para el bachillerato tenía que elegir, o el examen o Hawaii. Por supuesto, elegí Hawaii. Echo un poco en falta lo de estudiar... un poco.
Por ese entonces, ¿ya vivías del windsurf?
Sí. Mi madre jamás me habría podido pagar un viaje a Hawaii. Una pareja de bretones que tienen una casa en Moulay fueron quienes me pagaron dos viajes: uno a Hawaii y otro a Indonesia. Su negocio se llama La Cabanne à Perles (La cabaña de perlas) y venden artesanía marroquí e indonesia en Europa. Les estoy super agradecido pues me ayudaron sin pedirme nunca nada a cambio.
Svein Rasmussen, el jefe de Starboard, dice que te asignó un presupuesto en 2003 tras ver una única foto tuya que le enseñó Scott McKercher. ¿Dónde era esa foto y qué es lo que tenía de extraordinario?
En realidad no fue una única foto, sino varias que me había sacado un fotógrafo alemán en Moulay. Eran un Goyter en agua plana, un Table top a una mano por encima de la vela, un Push loop hiper tweaked y un Frontside air también tweaked... No sé cual de esas fue “la foto”.
Entonces, ¿gracias a tu entrada en Starboard es como conseguiste un wildcard para participar en la prueba de Maui?
Sí. Gracias, Svein.
¿No te fue complicado conseguir un visado para entrar en Estados Unidos?
Escucha, cuando lo tuve, no me lo podía creer. Jamás pensé que fuera a obtener un visado después de los atentados del 11 de Septiembre. Me llevó tiempo conseguirlo: dos meses para tener todos los papeles y otro para que me lo concedieran. Pero tampoco es fácil conseguir un visado para Europa. Por suerte, el Sr. Azolay, de Essaouira, consejero del Rey, me ayudó para conseguirlos. Se lo agradezco.
Una vez allí, ¿la Meca del windsurf estuvo a altura de tus expectativas?
No. En Marruecos hay un refresco que se llama Hawaii, cuya publicidad es una imagen del paraíso con playas de ensueño y gentes felices viviendo en paz y armonía. Cuando llegué a Maui me desilusioné; el espíritu de todo el mundo era el de cada uno para sí mismo, tanto en el agua como fuera de ella. Por suerte, Baptiste Gossein me ayudó alojándome gratis en su casa y dándome consejos.
¿Qué sensación tuviste al pasar de Marruecos al templo del consumo?
Los marroquís también consumen mucho pero sin comparación con los americanos. Allí es una locura, todo es a lo bestia, a lo grande.
Enseguida causaste impresión en Hookipa. El propio Josh Angulo definía entonces tu estilo como muy agresivo y desenvuelto, llegando a compararte con su super dotado hermano, Mark. ¿Qué piensas de ello?
Hubo otro americano, Jessie Brown, que me dijo que navegaba como Mark así que, si dos lo dicen, será que es cierto.
¿Despertaste envidias?
Sí que encontré un comportamiento altanero en algunas personas pero creo que son así entre ellos también.
¿Tu voluntad de llegar a ser uno de los mejores waveriders mundiales es lo que te hace saltar tan alto?
No, es para sentir sensaciones que pocos humanos tienen la suerte de experimentar.
Pero, mientras tanto, tus resultados en competición son un poco decepcionantes, ¿no?
Quizás, pero para mí son victorias pues tomo buena nota de todo lo que me ha ocurrido en cada competición y sé porqué he perdido. Es el primer paso para intentar ganar en el futuro.
¿De dónde salen esas ganas de ganar?
Viviendo en Marruecos me imaginaba que el nivel de los pros era increíble y no pensaba que pudiera estar ahí pero cuando vi el nivel de la World Cup, la diferencia no era tan inalcanzable. Esto me dio ganas de subir mi nivel aún más pues me di cuenta que podía tener cartas para jugar en la Copa del Mundo.
En Maui simpatizaste con Baptiste Gossein y Fabrice Beaux, dos a los que sus resultados en competición les dan bastante igual...
A ellos sí, pero a mí no. Cuando vi lo que era el World Tour, abandoné mis sueños de soul windsurfer medio hippie vagabundo para tratar de llegar al Top 16. Quitando a los diez primeros, a los demás soy capaz de ganarles.
Llevar un título de Campeón del Mundo en olas a Marruecos, ¿forma parte del sueño de Boujmaa?
Sí. Antes mi gran sueño era ir a Hawaii. Para mí era imposible, pero lo conseguí. Este es el siguiente.
¿Te imponen resultados tus sponsors?
Svein confía en mí. Por supuesto, quiere que haga el máximo de competiciones pero me ayuda mucho y me seguirá ayudando a progresar en el ranking mundial.
¿Qué te dan en concreto?
Velas, tablas, accesorios y un presupuesto para hacer la World Cup.
¿Te das la gran vida con eso?
En absoluto. Si tuviera eso en Marruecos sí podría vivir muy bien pero viajando todo el día tengo muchos gastos y no es la gran vida, aunque sé que muchos jóvenes sueñan con vivir como yo.
¿Ayudas económicamente a tu familia?
Lo intento, es necesario.
El alcóhol, el tabaco y la droga, ¿te atraen?
No, en absoluto.
¿Y la fiesta?
Sí, pero con moderación.
¿Tienes novia?
No
¿Te gustaría tenerla?
Todavía no... No estoy preparado para una relación y además viajo mucho.
Ver todas esas barbies en bikini en la playa de Hookipa, ¿cómo sienta a un marroquí acostumbrado a ver a las chicas más que tapadas?
¡Pero qué dices! En Marruecos las hay mejores y también sin tapar, tienes que venir un día a mi casa y verás lo que hay por allí.
Cuando abres una revista, ¿qué miras primero, las competiciones o los viajes exóticos?
Las competiciones.
Has estado ya varias veces en Indonesia, ¿qué te llama la atención en ese tipo de viajes?
Descubrir, la aventura... Lombok en Indonesia, ese ha sido uno de mis mejores viajes. Me gusta navegar en sitios donde nadie haya hecho un take off antes que yo. Siempre es una buena sensación bajar antes que nadie la ola con la que has soñado.
¿Hay algún spot con el que sigas soñando?
Sueño con recorrer la costa marroquí en barco pues tiene que estar llena de spots desconocidos. Lo que pasa que no es fácil que otros se vengan para acá, tampoco hay fotógrafos...
¿Cómo sería la sesión perfecta?
Side shore, 30 nudos, olas de dos metros y medio, una bonita derecha que rompe sobre un buen arrecife, vela de 4.2 y mi Evo62.
¿Cuáles son los windsurfistas que más te inspiran en cuanto a su estilo?
Goya y Levi. Verles navegar es una maravilla, son radicales. Llevan las maniobras más allá que los otros. Particularmente, a la salida del bottom son los que más velocidad desarrollan.
¿Y cómo describirías tu estilo?
La verdad es que nunca me he visto bien...
Dice McKercher que estás en fase de cambiar la dirección actual del waveriding...
Pues muchas gracias, no estaría mal ser uno de los que protagonizan la evolución del deporte.
¿Cuáles son tus puntos débiles?
¡Soy un glotón! (risas). Soy algo explosivo y poco consistente en surf y privilegio el salto demasiado sobre el surfing en mi navegación.
En surfing eres más bien del tipo down the line a tope de velocidad para forzar una única maniobra... Esto funciona para las fotos pero no en competición...
Ya, ya lo sé, pero soy así...
¿Y tus puntos fuertes?
Ser santo, San Boujmaa (risas)... Es el salto, parece ser que más de la derecha.
¿Cuál es, según tú, el secreto para estar al máximo nivel?
Querrás decir los secretos: navegar lo más posible, entrenar como si estuvieras en competición, no tocar lo que hizo caer a Maradona, dormir y comer bien, ser lo más “zen” posible, es decir, para mí, creer en Alá, bromear, llorar a veces ayuda, saber perder, medirse con los mejores... vaya, ¡hay demasiados trucos!
¿Qué piensas del freestyle?
Creo que el nivel es más alto en freestyle que en olas. Ricardo está a años luz de los demás... Al menos hasta ahora... Pero el freestyle exije muchísimo trabajo y, en casa, no tengo tiempo, ¡siempre hay olas!
¿Cuál es tu peor recuerdo?
No lo recuerdo.
¿Y el mejor?
Cuando conseguí el maldito visado para los USA.
¿Tu vida dentro de cinco años?
Sobre una tabla de windsurf y sobre un podio con una gran sonrisa.
¿Qué les dirías a los jóvenes windsurfistas marroquíes?
Navegar siempre que podáis sin descuidar el colegio y ni tocar el alcóhol, el tabaco o la droga.
¿Tu última palabra?
¡Viva Marruecos!

Fettah Alamara, mentor de Boujmaa, sobre su pupilo:
“Nuestro primer encuentro data del mes de Mayo de 1999. Había muy buenas condiciones, yo estaba navegando y vi a un chavalín de Essaouira que sacaba todas las maniobras a pesar de que era muy crío y de que tenía un material viejísimo, todo ello con una gran sonrisa en la boca. Al acabar de navegar me acerqué a él y vi que era uno de los niños que aprendían con Sebastien Defalandres y Caroline Haslin. Para mí fue como encontrar un hermano pequeño con el que navegar y a quien transmitir lo que sabía... además de dejarle material. Le invité a casa, empezamos a hablar y le propuse que pasara las vacaciones con nosotros. Ya en aquel entonces, Boujmaa decía: “Quiero ir a Hawaii”, y eso me llamó la atención. Fue un buen verano, también en compañía de Rachid Roussafi, que nos motivaba en nuestro windsurf y nos daba consejos siempre interesantes. Después llegó el invierno. Yo me puse a construir mi café en Moulay, un sitio agradable para los windsurfistas de paso, Boujmaa estaba en el colegio en Essaouira y Rachid de viaje. Boujmaa venía todos los fines de semana a navegar. A veces iba yo a buscarle en nuestro super 4L o sino venía desde Essaouira en bici. Boujmaa navegaba muchísimo con un objetivo claro: reunir una gran variedad de maniobras y un estilo como el de Rachid, y cuando éste volvió de Hawaii, antes de irse a Dakhla para montar su escuela, ya tenía a quien dejar el relevo. Hoy en día, aunque navegue menos, sigo al lado de Boujmaa y le aconsejo sobre sus decisiones y relaciones con sus patrocinadores. Mi mejor recuerdo, aparte de navegar juntos con olas bien glassy de un mástil de altura, es el de cuando logró reunir todos los papeles para irse a Hawaii y salimos de Moulay en el 4L rumbo al aeropuerto de Casablanca, pasando la noche en la carretera rodando a 70 km/h. No he conocido a nadie más feliz que Boujmaa en aquel momento”.
 

Boujmaa, visa para un sueño: Por fin en Hookipa... ¡No sabe nada el Boujmaa!
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